Mil días, condesa.

Sin imaginarlo, te sorprende como la vida te juega por la espalda y te demuestra que no todo esta tan perdido como  pensabas, que las emociones brotan y fluyen de manera inesperada, que al borde del colapso de la indecisión en la lucha por el bienestar y el sufrimiento opcional que decides compartir y sobrellevar, se reinventa en el fondo de tu corazón una ligera y tenue luz que ilumina y se muestra incandescente, para dejarte encandilada solamente con ello, con ese mismo y pequeño destello, con el que no deja de brillar y que no te deja en la soledad compartida obscuridad del dolor personal, ese color rojo que muestra el carbón cuando esta al punto mas alto en su mayor temperatura, cuando comienza a descomponerse, esa luz roja, tenue, ese calor… que te devuelve la esencia de la vida, el amor desinteresado, los sentimientos sencillos y honestos de un desconocido, vagabundo en el mundo, coleccionista de recuerdos y experiencias, un vividor lleno de amor.

 

 

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